miércoles, 1 de julio de 2015

El mar calmado



Mientras las esperanzas permanecían calladas, las semillas iban floreciendo debajo de la tierra seca, que al rascarla, resultó estar más húmeda de lo que parecía.
La ilusión se conserva mejor con los ojos cerrados, la realidad suele asustarnos y nos hace perder la confianza en que si se quiere se puede. 
Pero sin ver, no llegaremos a ninguna parte.
Los caminos no son de espinas si sabemos encontrar los atajos. 
No es necesario echar la vista atrás si lo que se pretende encontrar siempre estuvo unos pasos por delante. Ahí, al alcance de nuestras manos.
Las verdades no son absolutas, le pese a quien le pese, aunque sean motivo de no poder sostener argumentos vacíos. No hay que demostrar la inocencia cuando se tiene la conciencia tranquila.
Vivir sin abrir los ojos no supone ser más feliz al tener un corazón que no siente. Los ojos que no ven, se pierden demasiadas cosas irrecuperables de la vida.
No hay fórmulas mágicas, sólo decisiones.
Todo mar tuvo que pasar la tempestad para después permanecer calmado.

martes, 19 de mayo de 2015

Personaje de cuento


Cada noche me siento a tu lado y mi voz se transforma. 
Por arte de una magia, que sólo tú y yo compartimos, mi ropa se va transformando y se ajusta a la vestimenta de cada personaje que aparece en las páginas que leo. 
Ayer fui Peter Pan, los niños perdidos, e incluso el malvado Capitán Garfio. 
He sido Robin Hood, el príncipe de Cenicienta, el oso Baloo, y cada uno de los siete enanitos. Tu sonrisa aparece cuando soy Blancanieves, Mulán o Pocahontas. El Rey León te entusiasma cuando pongo mi voz profunda del rey Mufasa enseñando a su cachorro.
Con cada "Colorín colorado..." termina nuestro momento compartido, esos minutos de cuento en los que agarras mi mano mientras viajamos juntos a una fantasía, que sólo a ti y a mi nos pertenece.
El mundo real es el que es, y no siempre es posible cambiarlo. 
Por eso, siendo consciente de que el "felices para siempre" no tiene cabida en todos los cuentos, cada noche te seguiré llevando a mundos mejores y muy muy lejanos, donde las estrellas marquen el camino en el horizonte y los buenos pensamientos consigan que continuemos volando.
Prometo hacerlo, hasta gastar la última gota de mi voz si es necesario.

viernes, 30 de enero de 2015

El Whatsapp

                                                


- Hola, estás ahí?

- Sí - Respondió el whatsapp, abriendo en la oscuridad un ojo y guiñando el otro, mientras se acostumbraba a la luz de la pantalla.

- Anoche soñé contigo - Escribió mientras se ruborizaba por el atrevimiento - Soñé que al fin estábamos juntos, que nuestras miradas se cruzaban hasta fundirnos en un abrazo interminable.

Sintió que el corazón se le aceleraba sin poder contener la sonrisa. Volvió a leer el mensaje y le transportó a un tiempo pasado, a un ayer mejor, más feliz y alejado de la soledad que asolaba su alma.
Con la mano izquierda dejó su teléfono personal sobre la mesilla, mientras que con la derecha depositaba el dispositivo del trabajo en la otra pequeña mesita de noche.
Suspiró profundo, con añoranza, esperando que en un futuro próximo, otra persona fuera capaz de darle el cariño que él se daba a sí mismo.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Las campanadas

Supo que eran los cuartos cuando ya llevaba tres uvas ingeridas y una masticada en la boca.

   - ¡Maldita sea, otra vez!

Nunca era capaz de hacerlo bien y acertar en esa tradición que tanto gustaba a mamá. Desde que ella no le ayudaba, se le terminaban las uvas antes de que el reloj diera todos los golpes de las señales horarias, o como en esta ocasión, se daba cuenta desde el principio de que tampoco había logrado cuadrarlo.
Se quitó de malas maneras la servilleta de papel que con cuidado se había metido por dentro del cuello de la camisa, y con la misma rabia lanzó el plato contra el suelo, haciendo rodar las ocho uvas restantes por el frío mármol.

   - Lo siento - dijo sumiso y con temor a una reprimenda. 

De rodillas en el suelo fue recogiendo una a una las pequeñas frutas esparcidas, utilizando la servilleta para limpiar las manchas y salpicaduras que habían provocado. Respiró aliviado, parecía que mamá no se había dado cuenta. 
Como de costumbre había separado con cuidado las veinticuatro uvas del racimo, le había quitado la piel y extraído las pipas, así que al recogerlas no eran más que una pegajosa y blanda carne con olor dulce.
Se quedó mirando a la televisión y a la gente que saltaba con una alegría desmedida. Odiaba esas muestras de felicidad, pero a la vez envidiaba saber lo que se sentía. Siempre allí encerrado, año tras año sin poder probar si era capaz de festejarlo como cualquier otro.
Pensaba que se le quitaría el miedo a tener que hacerse cargo de mamá, y aunque no sentía culpa, esa sensación no había desaparecido en los últimos diez años en los que se repetía lo mismo.

   - Es mejor que te acuestes temprano mamá, hoy sí me iré a celebrarlo.  

La expresión de su rostro cambió al sentirse contrariado, lanzó de nuevo el plato contra el suelo y dio un manotazo al que permanecía intacto en las manos de su madre. Un pequeño crujido acompañó al golpe seco y el hueso del dedo meñique se confundió entre las uvas que de nuevo habían dejado el piso manchado.

- Lo siento mamá, no quería hacerte daño. - le dijo sollozando mientras se sentaba en su huesudo regazo, acomodando su postura para no tropezar con el cuchillo que permanecía, desde esa misma hora, diez años clavado en su costado.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

La melodía


Al despertarse sintió la mano aturdida, con un hormigueo incómodo en la punta de los dedos. Como si pulsara las teclas de un piano imaginario, hizo unos leves movimientos para recuperar la sensibilidad. Un pinchazo en la sien y una ligera sensación de mareo, le avisaron de que tenía que moverse despacio. 
Se incorporó con cuidado y dirigió sus pasos hacia el cuarto de baño mientras tarareaba una canción que no le resultaba conocida. La melodía penetraba en su cabeza sin poder reprimir el deseo de reproducirla con su boca una y otra vez.
No era capaz de recordar lo ocurrido en las últimas horas. Sus manos estaban sucias, llenas de restos de barro seco y algo más oscuro que no supo identificar. Varios moretones cubrían sus brazos, como si alguien hubiera querido agarrarle tan fuerte que le había dejado marcados los dedos.
Se asustó al pensar en la posibilidad de haber sido atacado. No conseguía recordar nada. Esa maldita canción sonaba una y otra vez en su interior.
Revisó la camisa tirada en el suelo a los pies de la cama. El pantalón estaba sucio, al igual que las botas, manchadas con esa mezcla de barro y líquido oscuro que estaba por todas partes. Encontró la billetera en el bolsillo de su chaqueta. No echaba nada en falta. 
No podía soportar el mal sabor de boca. La sentía pastosa y con un ligero gusto a sangre. Decidió ir a la cocina para beber agua y humedecer la garganta que notaba seca e irritada.
Al pasar por delante del salón se dio cuenta de que la televisión estaba encendida. Hasta ese momento no se había preguntado qué hora sería, pero supo que era temprano al ver que estaban emitiendo las noticias de la mañana. Se sentó con el vaso en una mano y con el mando a distancia en la otra. Pulsó varias veces el pequeño botón que aumentaba el volúmen del aparato.
"Una nueva víctima del asesino del parque" rezaba el titular, mientras el reportero mostraba la única pertenencia encontrada de la víctima: un pequeño ipod, en el que en bucle sonaba una y otra vez, la misma cancioncilla que, en ese preciso instante, supo por qué penetraba de forma constante su atormentada cabeza.