miércoles, 19 de octubre de 2011

El ascensor fantasma


Tengo un ascensor que tarda más en ascender que un becario en un medio de comunicación.
La bajada es como un autobus de línea que va parando por todos los pueblos antes de llegar a la parada final, que es la estación.
Si algún vecino aprieta el botón cuando estás dentro, como es una máquina educada, para sin dudarlo a recoger al posible pasajero.
A veces ocurre que es un fantasma, otras que pongo la espalda en la puerta para que por el cristalito me vean pegado y piensen que la cabina va llena hasta los topes, y otras mañanas en las que voy muy dormido y me apeo en el primero convencido de que ya he llegado al bajo. Sí, entonces blasfemo.
Hay mañanas en las que me espera servicial en el 7º, y otras que debe estar en el subsuelo. Eso sí, cuando voy bajando las escaleras ya por el 5º le veo pasar con sonrisa burlona. Sí, entonces también blasfemo.
Hoy me esperaba puntual, casi me ha parecido oirle incluso un buenos días. Hasta que se ha parado en el 4º, en el 2º, y el 1º con pasajeros fantasma esperando.
Así que sí, he blasfemado, pero como no sé si los ascensores tienen madre, de poco sirve mentar a aquella cochina máquina que lo parió.