sábado, 15 de marzo de 2014

Relativizando


En las últimas semanas he tenido dos opciones claras:

1. Defecarme en todo lo defecable (dicho de manera fina para que ningún lector se ofenda o espante)
2. Hacer balance, a modo de inventario vital, de lo que tengo y me gustaría tener.

Es consuelo de tontos quedarse con la idea de que la situación está igual de mal para todos, eso es una obviedad, pero que no implica obligatoriamente tener que aceptar ciertas cuestiones o condiciones. Igualmente, el concepto que engloba la expresión "podría ser peor", no termina de convencerme, ya que por esa misma regla podría ser mejor y tampoco lo es.
Así que visto lo visto prefiero quedarme en el término medio, no en lo que "podría ser" para bien o para mal, sino simplemente en lo que "es". En ese punto, probablemente lo mejor sea relativizar.
Demasiado tiempo intentando mantener el vaso medio lleno tampoco es positivo, a veces conviene beberse el agua para renovar el líquido. Eso no significa pasarse al bando de verlo medio vacío, sino simplemente dejar de pasar sed, ya que no por mucho insistir, el vaso va a superar el nivel de agua establecido.
Así que prefiero ir llenando cada día el recipiente con lo que realmente me aporta algo, con lo que me genera positividad y aleja los malos rollos. Hay cosas más importantes que el trabajo, otros ingredientes de la vida que es mejor disfrutarlos que echarlos en falta.
Vivimos en un mundo en el que algunos aprovechan su posición para pisar a otros hasta dejarles en situaciones desesperadas. Lo bueno es que incluso en la desesperación más absoluta, los seres humanos somos capaces de sacar ventaja y ver caminos que antes quizá no veíamos desde nuestra zona de confort. 
Mañana no sé lo que vendrá, pero estoy convencido de que algo bueno será, ya que con la calma que produce relativizar, empiezo a no agobiarme por el hecho de que no ocurra pronto. 
Lo bueno que podamos merecernos siempre llega, igual que lo malo, para aquellos que le hacen la vida imposible a otros, también siempre acaba llegando.

jueves, 20 de febrero de 2014

El que no llora...



He escuchado muchas veces que en esta vida el que no llora no mama. Teniendo en cuenta que el que llora es un llorón, y el que mama un mamón, ninguna de las dos opciones termina de convencerme.
A pesar del poco gusto que me despierta la expresión, debo reconocer que tiene su parte de verdad, pero no por ello pretendo subirme al carro y optar por ponerla en práctica.
Con el paso de los años he aprendido a que la satisfacción personal llega a través del esfuerzo y de ganarse las cosas con el sudor de la frente. Algunas recompensas llegan y otras no, justo o injusto es lo que hay y de nada sirve forzar las situaciones.
Prefiero mantener el pensamiento positivo, siendo consciente de que nada dura eternamente, ni siquiera los estados de ánimo. Quizá mañana se me agote la batería del positivismo y empiece a llorar por las esquinas, de momento, a día de hoy, me cansan los mamoneos y prefiero pensar que chupar del bote no dura eternamente para quien no lo merece.
Si yo merezco más o no, únicamente el tiempo terminará por decirlo. Hoy por hoy, a pesar de los pesares y de las mil y una zancadillas, sigo mirando al futuro como esa puerta que se abre, de la que solamente yo tengo la llave.

lunes, 7 de octubre de 2013

Y sin embargo...



Y, sin embargo, aquí sigo.
A pesar de lo que no se ha conseguido, que dista mucho de ser fracaso.
Aunque a veces parezca que luchar es sinónimo de darse golpes contra un muro demasiado alto y robusto.
A pesar de que cada día que pasa resulta más difícil ser escuchado, leído o simplemente tenido en cuenta, en un mundo en el que la suerte no depende del pie con el que te has levantado.
No hay más suerte que la que se busca sin descanso, aunque a veces fatigue demasiado levantar piedras con la mente para seguir buscando el premio.
A pesar de que la tentación de rendirse a veces sea más fuerte que la voluntad de volver a levantarse.
Porque la insistencia no es siempre una virtud de los testarudos, sino de los que saben que hay más por descubrir y más agua dulce para saciar la sed.
Sigo sin comprender a muchos y sin saber si la meta es realmente el lugar al que debo ir. No lo sé.
Y, sin embargo, aquí sigo. Inasequible al desaliento y cada día más empeñado en hacer de esta vida, un verdadero éxito. 

domingo, 21 de julio de 2013

Aires racheados


Solemos acordarnos de los buenos momentos cuando soplan vientos en contra y nos fuerzan a apretar un poco más nuestros pasos. 
Dicen que de lo malo se aprende, aunque algunos aprendizajes sean más complicados que otros. No es que no se aprenda de lo fácil, sino que no nos paramos a analizarlo, ni le damos la importancia que deberíamos.
He decidido que cuando pasen estos vientos, aprenderé más de lo bueno, incluso me centraré más en encontrar y explotar lo positivo. El aire en la cara sirve también para despejar ideas, para ver con claridad los nuevos horizontes que se abren.
Nunca es tarde, incluso para los que están al límite de que lo sea.
Las rachas no duran eternamente, son variables, así que voy desplegando mis velas, que una vez que pase la tormenta, el sol me llevará más allá de mis esperanzas, que hasta ahora permanecían calladas.
Seguro que esta vez la ficción supera a la realidad.

lunes, 8 de julio de 2013

Siempre dentro de mí

Hay historias de amor que mueren antes de nacer.
Otras nacen sabiendo que morirán más temprano que tarde.
Luego existen las otras historias de amor, las verdaderas, que no pueden morir porque son eternas.
Con tu partida no se cierra un círculo, sino que se sigue completando la historia de amor más bonita que jamás podrá ser igualada.
Siempre dije que eras la persona con mayor capacidad de gruñidos por minuto, pero también alguien único, capaz de reunir a tu alrededor, con tu gracia y tus bromas, a todo aquel que tuvieras cerca. Un sentido del humor, tan característico y único, que se antoja irrepetible.
Esta mañana he vuelto a colocar sobre mi cama la manta que me tejiste hace años, cuando aún era un niño. Al irte, hemos descubierto entre tus cosas, que tenías guardados más cuadrados tejidos para ampliarla al ver que al crecer se me había quedado pequeña. No importa que no pudieras terminarla, que tus manos no te permitieran hacer el trabajo, la prefiero como está, pequeña. 
Ahora podré arropar con ella a alguien que también es pequeño, que como tu decías no tiene nariz, pero  sí una risa especialmente contagiosa.
Siempre recordaré tus manos de uñas largas pintadas de rojo intenso, tu forma de ser conmigo, que siempre me consentiste un poco más que a los demás, aunque te dijera las mismas cosas que el resto, de mi boca siempre parecía molestarte menos.
Te echaré de menos, probablemente cada día, pero sé, que hay historias de amor que tienen este tipo de finales felices.
Aunque duela una ausencia, en ocasiones la tristeza conduce a saber, que fuisteis felices para siempre, allí dondequiera que estéis.