jueves, 31 de marzo de 2011

Infusiones


Ayer entré a un herbolario en busca de un remedio natural contra la indigestión social y me vendieron unas bolsitas de infusión de conformismo. Viene con trozos de frutita, está muy rico. Aunque esta opinión supongo que está provocada por los primeros efectos de la infusión.
Sin embargo, el remedio parece estar contraindicado para los inquietos de mente porque acabo de cruzarme con un perro con sombrero por la calle y me ha dado los buenos días.
Tenemos un mundo patas arriba y hasta que no llegue el día en que nos bebamos un vaso de agua y se nos ponga el pelo verde radioactivo no empezaremos a preocuparnos.
Sigue sin convencerme el supuesto altruismo de ciertas Fundaciones y Ong, que llegado el momento de la verdad, no se preocupan de aquellos a los que aparentemente ayudan, sino más bien de airear la buena acción para salvar sus almas o arreglar sus cuentas. No creo en los ángeles de bolsillos llenos de billetes, suelen dar lo que les sobra más que lo que tienen.
No me gusta cuando la caridad se convierte en limosna de efecto blanqueante en cuentas corrientes.
Le pregunté a la dueña del herbolario que si en el té que me vendía podía mojar unas galletitas o algo para acompañar, y me dijo que no había problema. Así que voy a zamparme el conformismo que parece que sobre mí no tiene efectos.
Os dejo por hoy, que está llamando a la ventana un cocodrilo que vende gafas de sol con lentes de realidades cambiantes.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La historia del hombre sin cabeza

(foto: http://es.dreamstime.com/)


El otro día iba caminando por la calle y me asustó mi propia sombra que apareció de pronto y sin previo aviso. En el fondo me gustó porque la vi más delgada, y aunque pensé en cómo lo habría hecho la maldita, su buen aspecto apacigüó el conato de envidia.
Después de unos instantes de observación caí en la cuenta de que algo le faltaba. Sorprendido miré a mi sombra sin cabeza que se encogió de hombros y señaló la mía. Comprobé rápidamente que no me la había dejado en casa y constaté su generoso tamaño habitual y su genuína belleza (este último piropo es para compensar el hecho de haberme llamado cabezón palabras antes).
Ultimamente vivo en un estado mental que roza el Homer Simpson, que algunos ya me han diagnosticado como astenia primaveral. Si tenemos en cuenta que suele afectar a un 2% de la población y especialmente a las mujeres, estoy empezado a considerarme un ejemplar digno de estudio.
Dentro de unos años me veo metido en un marco acristalado, pinchado con un alfiler y una etiqueta debajo que me identifique como Homus Raritus. Coleccionistas y taxidermistas se volverán locos por conseguirme.
El otro día me vi en el espejo del baño y dije; perdón, no sabía que estaba ocupado.
Supongo que son rachas en las que tu cabeza se toma unas vacaciones cuando llega a un punto de saturación máxima.
Espero que al menos me envie una postal, aunque nunca ha sido muy detallista.


martes, 29 de marzo de 2011

Nuevo disco de Labuat

(foto: http://www.sonymusic.com/)


Virginia Labuat saca hoy al mercado su nuevo disco titulado "Dulce hogar". Con canciones compuestas por ella misma, la joven cantante nacida en Linares intenta dar un nuevo giro a su carrera.
Tras su paso por el programa televisivo Operación Triunfo, y un disco con la banda Labuat, Virginia Maestro adopta como apellido el nombre de la banda para su nueva aventura en solitario.
Este nuevo álbum nos lo ha presentado en Hoy por Hoy Madrid Norte en exclusiva.


lunes, 28 de marzo de 2011

Lluvia en los cristales



La lluvia huele a calma, a un paréntesis de pausa en un caos de ruido y humo. Suena a pequeños golpes tamborileando en los tejados, en las ventanas, en el suelo.
La lluvia huele a los árboles que suspiran de alivio, a los jardines que dejan salir su fragancia para depurar sus hojas cubiertas de contaminación con un grosor de varias capas. Sabe a nubes dulces que acicalan sus cuerpos y limpian el cielo de una suciedad invisible pero espesa.
La lluvia refresca las ideas recalentadas y las cabezas chamuscadas de tanto pensar. Recorre cada milímetro de la cabeza a los pies, mientras cala con una dósis justa de melancolía que renueva la energía y las ganas.
La lluvia despierta los pensamientos, la reflexión y la memoria.
El agua nos aporta la cantidad de vida necesaria para limpiar lo antiguo y empezar de nuevo con los hombros menos cargados.
La lluvia llega tan rápido como se marcha.
No es eterna. No importa, del resto el sol se encarga.