Y nos marchamos a un lugar con un encanto especial, un pueblecito que es reserva de la bioesfera y que lo tenemos muy cerca de Madrid: La Hiruela. De este pueblo parten muchos senderos, entre ellos el que seguiremos hoy, que nos llevará hasta El Cardoso. Paisajes maravillosos para disfrutar del otoño.
domingo, 31 de octubre de 2010
sábado, 30 de octubre de 2010
Al otro lado del espejo (VII)
En nuestra sección de enigmas y misterios, pasamos un poco de miedo hablando hoy de posesiones demoniacas. No apto para temerosos...
viernes, 29 de octubre de 2010
Desamor en el Metro
Un silbido rompe el silencio del vagón y de los que taciturnos nos encontramos absortos en nuestros propios pensamientos, mientras anuncia que se ha agotado el tiempo para sumarse al viaje y el cierre inminente de las puertas.
Comienza el traqueteo del metro mientras la pareja que acaba de entrar, busca dos asientos libres para poder sentarse juntos. Finalmente lo encuentran justo frente a mí, no hay demasiada gente a pesar de ser una hora de salida de oficina.
Él, delgado, con el pelo rubio cortado a cepillo y un acné que parece no corresponder con su edad, lleva un traje azul oscuro y corbata celeste. Le sobra de mangas y no llena de hombros. No le luce.
Ella, con un vestido de algodón que mezcla colores apagados y cubre un exceso de kilos que parece llevar sin complejos, muestra una cara amable y sonriente cuando mira a su acompañante.
El chico parece nervioso, juega con un papel de publicidad que han debido entregarle en la entrada al metro, lo retuerce y lo enrrolla en un acto inconsciente y compulsivo. Intenta no mirarla el escote y evita la mirada directa de ella mientras sonríe como un colegial inquieto.
Ella mira los letreros de las paradas, no como el busca su destino, sino como el que pretende alargarlo por algún motivo. Lleva la voz cantante, el peso de la conversación y sin embargo, también se la ve intranquila.
Los nervios se rompen en un momento de risa, del que él parece culpable aunque agache la cabeza con timidez poco disimulada. Ella ríe abiertamente mientras aprovecha la ocasión para que se rocen las manos.
El tren para en Sol. Él levanta ligeramente su mano mientras se pone en pie y su boca susurra algo imposible de escuchar que se interpreta como una despedida. Ella le dice un dulce hasta mañana.
Le sigue con la mirada mientras sale del vagón y la boca de las escaleras se tragan su figura. El tren avanza.
La chica se gira y me encuentra como observador inesperado.
Sus ojos, mezclados de sonrisa y melancolía, me dicen: Hoy tampoco se ha atrevido.
jueves, 28 de octubre de 2010
Femenino plural
Con las mujeres sólo existe una cosa segura para los hombres; que hagamos lo que hagamos siempre tenemos las de perder. Y es que llegar a comprenderlas, supone para nosotros algo tan complejo como montar un mueble del Ikea, nunca entendemos las instrucciones y al final siempre nos sobra una pieza.
Para más inri, cuando tengamos la pieza sobrante en la mano y nos rasquemos la cabeza buscando la solución, siempre estará ella al lado para apuntillar con un te lo dije, una de las frases que viene de serie en todo vocabulario femenino.
Las mujeres, quince minutos antes de salir de casa, nunca tienen nada que ponerse. Ves el armario tan inflado que parece de tres puertas aunque siempre lo hayas visto de dos, lleno de ropa que a nosotros muchas veces nos parece la misma, pero que ellas diferencian el tono, el corte y el largo. Siempre necesitan ir de compras.
Y ahí viene su mejor parte: las compras. Las chicas desde que nacen, vienen con un chip de visión panorámica incorporado que les sirve para localizar la prenda deseada. Menos cuando están de mala gaita, ese día se ven gordas, nada les entra, el mundo se derrumba a sus pies y la vida es un asco.
Ir con una mujer de compras es ser su perchero con patas, vas cargando con todo lo que quieren probarse y después tienes que ir a buscar más tallas. Eso sí, después no faltará la frase lapidaria: si es que está visto que tengo que venir sola porque contigo nunca compro nada. Que digo yo que la podían decir cuatro horas antes, cuando todavía conservamos los riñones y los pies en buen estado.
En cuanto a las cuestiones automovilísticas no voy a entrar en machismos sin fundamento, porque como ocurre con los hombres, las hay buenas y malas conduciendo. Aunque el aparcamiento ya es un reto diferente... Es casi peor la mujer no conductora, esa siempre encuentra aparcamiento en la entrada de un garaje o en la plaza de minusválidos.
Los hombres tenemos el sexo metido en la cabeza, pero las mujeres en la lengua. Son capaces de contarse entre ellas hasta el mínimo detalle de sus experiencias sexuales sin ningún tipo de pudor. Nosotros fardamos, ellas dan pelos y señales.
Hay que tener cuidado con las frases trampa. Siempre hay que partir de la base de que nunca se va a salir victorioso de ellas si no eres capaz de mantener la boca cerrada pase lo que pase.
Si una mujer tiene cara de ogro estreñido y osas preguntarle, siempre ocurrirá lo mismo: ¿Qué te pasa?.Nada. ¿Estás enfadada?. No. ¿Seguro?. Si no lo sabes tú yo no te lo voy a decir... ¡Zás!, otra frase femenina de serie.
No hay que perder el tiempo, jamás entenderán el fuera de juego, ni la alegría que supone ganar un torneo en el Fifa.
Eso sí, poseen una glándula especial en el cerebro que les hace recordar todas las fechas, aniversarios y cumpleaños. Nunca tolerarán que nosotros no la tengamos.
¿Es realmente necesario parar tantas veces en el viaje para hacer pis?. Sales de casa y antes de incorporarte a la Nacional 1 ya te miran con cara de lástima (creo que la entrenan) y te dicen: vaya, pues yo ya me estoy haciendo pis, he bebido un vaso de agua antes de salir y... Ahí salta la duda sobre anatomía, ¿de verdad tienen vejiga?. Hay manantiales con menos líquido que ellas.
En fin, Mujeres, seres complejos de la naturaleza que poseen todas las características para poder dominar el mundo.
No podemos vivir sin ellas, pero con ellas, hay veces que tampoco.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Masculino singular
Todos los hombres somos iguales. Una afirmación común entre el sector de las féminas, que a pesar de caer en el error de lo genérico, no por ello deja de tener su punto de verdad.
Reconozcámoslo tíos, somos simples, más que el mecanismo de un chupete, pero ¿realmente os importa?. Yo creo que si hay un mamífero del género másculino al que no le molesta, ni incomoda siquiera un poquito su simpleza, esos somos nosotros.
Dos conceptos: Fútbol y Sexo (el orden de los factores no altera el producto). Un binomio perfecto y la base científica de todo macho común de la especie humana. Si a un hombre le preguntas qué prefiere de las dos cosas, no sé qué contestará, pero pensará con toda seguridad que sexo mientras ve el fútbol.
El cerebro masculino se compone de diversos elementos que forman un todo compacto y duro, muy duro.
Tenemos un núcleo central ocupado por el pensamiento sexual, sería como nuestro sol cerebral, en torno al cual giran el resto de espacios.
Un hombre no mira una teta, mira las dos. Es una cuestión de instinto depredador, derivado de nuestros años de lactancia. Lo de observar el trasero es más que nada para no dejar cabos sueltos.
El macho alfa dominante es aquel que se adueña del mando a distancia y lo hace su cetro de mando, su batuta, la extensión de su brazo, su amigo, su tesoro.
Igualmente, es generalizada la acusación de que no escuchamos. Es cuestión de audición selectiva, de un poder de concentración concreto. Es tan sencillo como saber tocar la tecla adecueda, me refiero a utilizar ciertas palabras clave que harán automáticamente que prestemos atención. Aunque si nos tocan la otra tecla obvio que también agudizamos los sentidos. Las dos palabras fundamentales son de nuevo el binomio: fútbol y sexo.
¿Por qué nunca escuchamos a un bebé llorando de noche?, ¿por qué escapamos siempre de las preguntas personales?. Selección natural amigas.
Existe una pequeña glándula en todo cerebro masculino que es la que se encarga de la puntería en la micción. Aunque parezca tiro hecho, hay veces que la gesta no es tan secilla. Todo hombre que se precie amanece con la bandera izada, factor condicionante para que el chorrillo acierte en el centro de la diana. Eso sin contar cuando se divide en dos y las probabilidades de acierto se ven obviamente divididas, además de los movimientos compulsivos para intentar atinar sin éxito.
Las tareas domésticas se nos atragantan igual que a vosotras, pero en general somos más vagos. Lo único que limpiamos es el coche y no siempre. Eso de que vosotras lo hacéis mejor no es más que una excusa barata para escaquearnos, pero se dice que lo que funciona es mejor no tocarlo. Tenemos dentro un experto en excusas.
Manejando una plancha somos unos zotes, pero con el mando de la play somos unos figuras y podemos pasarnos horas y horas ejercitando los dedos sin acusar el cansancio.
Básicamente somos como perros de Paulov que respondemos babeando a ciertos incentivos que tienen más que ver con el órgano reproductor femenino, que con la inteligencia que se nos presupone.
Pero chicas, mujeres del mundo, a pesar de los pesares, aunque os duela, sabéis y podríais vivir sin nosotros, pero no queréis.
Y lo que es más importante, ¿no es cierto que sin nosotros vuestra vida sería un poquito más aburrida?
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